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El sabonim Armando Aracena destacó la fortaleza mental de la competidora local Rocío Viscarra y explicó por qué la perseverancia supera al talento en las artes marciales.
La historia deportiva del norte suma un nuevo ejemplo de disciplina de la mano de Rocío Viscarra, una joven taekwondista local que se convirtió en modelo de perseverancia para el deporte del norte provincial. Tras tropezar en una competencia reciente, la atleta volvió al gimnasio sin pausas, demostrando la mentalidad requerida para competir en el alto rendimiento.
En diálogo con el programa Tarde o Temprano de Tartagal Play, su entrenador, el profesor Armando Aracena, analizó la trayectoria de la joven y remarcó que el verdadero éxito deportivo no responde a la casualidad ni al talento natural, sino a la capacidad de levantarse frente a los resultados adversos.
Superar el «mate amargo»: la diferencia entre un tropiezo y el fracaso
El sabonim Aracena recurrió a una analogía popular para graficar el sacrificio que exige la disciplina: «Es la perseverancia de años con tropiezos, de tomar mucho mate dulce pero también mucho mate amargo. Y ella tomó mucho mate amargo: el domingo perdía un torneo y el lunes ya estaba haciendo abdominales en el gimnasio».
Para el entrenador local, la clave del rendimiento de Viscarra reside en la fortaleza psicológica, un factor que suele faltar en atletas con grandes condiciones físicas pero escasa resistencia a la frustración. El respaldo de su entorno familiar y la constancia diaria marcan el camino en una disciplina exigente.
La filosofía del Do: cuando la mente define al atleta
En las artes marciales, la preparación mental resulta tan determinante como la técnica. «En taekwondo, Tae es pierna, Kwon es mano y Do es mente, camino, filosofía de vida. Muchos chicos tienen mejor potencial o más condiciones, pero les falla el Do: no superan los escollos, no toleran la frustración, se sienten fracasados y dejan», explicó Aracena.
La lección que deja Rocío Viscarra en el ambiente deportivo del norte trasciende el tatami: demostrar que una derrota es solo un paso en el proceso de aprendizaje y que la constancia diaria es la única herramienta capaz de consolidar a un verdadero deportista.
