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En la apertura del 144° período de sesiones ordinarias, el Presidente optó por la confrontación directa. Entre insultos a la oposición y la reivindicación de su gestión económica, Javier Milei aseguró que la crisis quedó atrás, pese a las dudas que arrojan los datos de la industria.
Por Marcelo Torres – 2 de marzo de 2026
El escenario del Congreso de la Nación se transformó este domingo en un set televisivo de máxima audiencia. Javier Milei, lejos de adoptar la investidura de un «hombre de Estado» tradicional, inauguró las sesiones ordinarias con un discurso que mezcló la euforia por sus triunfos parlamentarios de verano con una catarata de agresiones hacia el arco opositor, especialmente dirigido al kirchnerismo y la izquierda.
«La malaria se terminó»
El eje central de su alocución fue la proclamación de una nueva era económica. «La malaria se terminó», sentenció el mandatario ante una Asamblea Legislativa dividida. Milei se jactó de haber alcanzado el primer presupuesto sin déficit fiscal en un siglo y de haber cortado de cuajo la emisión monetaria.
Sin embargo, el optimismo presidencial contrastó con la realidad que describen diversos sectores. Aunque citó indicadores del EMAE para afirmar que la economía crece desde hace dos años, la nota discordante la pusieron las cifras de empleo: mientras Milei defendió el RIGI alegando la creación de 60.000 puestos de trabajo, los datos oficiales de la Secretaría de Trabajo apenas consignan 20.000, frente a una pérdida de 200.000 empleos industriales en lo que va de su gestión.
Un ring en el estrado
Lo que debía ser un informe de gestión se convirtió rápidamente en un cruce de acusaciones personales. El Presidente no escatimó en adjetivos:
- A Cristina Kirchner: La tildó de «chorra» y celebró su situación judicial bajo el grito de sus seguidores de «¡tobillera, tobillera!».
- A Germán Martínez: «Dejá de mirarte en el espejo, los chorros son ustedes», le espetó desde el estrado al jefe de la bancada peronista.
- A la Izquierda y movimientos sociales: Apodó a Myriam Bregman como «Chilindrina Troska» y a Juan Grabois como un «oligarca disfrazado de pordiosero».
«Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos», disparó Milei ante las críticas que bajaban de las bancas opositoras.
Clima de tensión y ausencias
La estética del evento estuvo marcada por la militancia libertaria, que recibió al mandatario al ritmo de Panic Show de La Renga. En contraste, los jueces de la Corte Suprema y los gobernadores presentes mantuvieron gestos adustos, reflejando la incomodidad ante un tono que medios especializados en análisis político calificaron como de «rabia adolescente».
Las ausencias también hablaron: el interbloque de senadores de José Mayans y los diputados de La Cámpora decidieron no asistir en señal de protesta. Por su parte, la vicepresidenta Victoria Villarruel mantuvo una actitud distante, mostrándose más atenta a su teléfono celular que al encendido discurso de su compañero de fórmula.
El balance
Sin grandes anuncios de leyes hacia el futuro, el paso de Milei por el Congreso dejó claro que su estrategia política sigue siendo la polarización extrema. Para el oficialismo, fue la ratificación de un rumbo victorioso; para la oposición, un «show de pelea» que ignora la creciente conflictividad social y los despidos en el sector privado.