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Tartagal, Salta. Después de más de un cuarto de siglo dedicado al Santuario de la Virgen de la Peña en Tartagal, Fray Rubén Sica se enfrenta a su inminente traslado a la provincia de Jujuy, un cambio que el mismo fraile describe con una profunda y sincera reflexión: «Estoy de duelo».
El sentimiento, expresado en la entrevista con Tartagal Play, no es una simple tristeza, sino un dolor por la pérdida de una vida arraigada. Fray Sica explicó que de sus 45 años de cura y 35 de fraile, 26 años transcurrieron en el Santuario.
El Dolor de las Raíces
El «duelo» es por dejar el lugar donde forjó su identidad: «Es un dolor de dejar un lugar donde yo me hice, donde yo nací como hombre, como cura, como fraile». El fraile siente que en La Peña se encuentran sus raíces más profundas, lo que hace que la obediencia de su orden se enfrente a la emoción personal.
La intensidad del apego es tal que el fraile admite: «Yo creo que es más fuerte el arraigo que la obediencia», si bien reconoce que es la obediencia a la orden franciscana lo que debe cultivar en este momento.
El «Padre de la Peña»
Fray Sica compartió una de las frases más conmovedoras de la entrevista, al expresar cómo se siente con respecto a la institución y la comunidad que ha servido: «Yo siento que soy padre de la Peña, porque la cuidé, la protegí y le di lo mejor que tuve».
No obstante, su reflexión es de madurez y fe. El dolor del traslado «no es un dolor de muerte, es un dolor de vida, de crecimiento, de ser padre«. Ante la separación, el fraile sabe que le toca cultivar «la gracia de soltar«, confiando en que quien lo suceda «va a ser mucho mejor» que él.