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El emblemático sacerdote franciscano, que transformó la fe regional y consolidó el turismo religioso en el norte salteño, deja la ciudad. Fue una entrevista cargada de emoción, se definió como un «tartagalense por elección» y destacó la fortaleza espiritual del pueblo.
Por Redacción TartagalPlay
Tartagal, 16 de febrero de 2026 – Tras más de dos décadas de labor ininterrumpida, el Fray Rubén Sica confirmó el 3 de diciembre del año pasado, su traslado a la provincia de Jujuy, marcando el cierre de uno de los capítulos más significativos para la Iglesia Católica en el Departamento San Martín. Sica, quien llegó desde Buenos Aires siendo un joven sacerdote, no sólo fue el custodio del Santuario Virgen de la Peña, sino que se convirtió en un referente social y cultural para Tartagal y sus alrededores.
Durante su paso por el programa Presencia Misionera de TartagalPlay, el religioso recorrió los hitos de una gestión que excedió lo litúrgico para transformarse en una obra de infraestructura, identidad y contención social.
De la selva al corazón: «Aprendí a creer de nuevo»
Uno de los puntos más reflexivos de su despedida fue el reconocimiento de cómo el entorno del norte salteño transformó su propia fe. Sica recordó que, al inicio, el silencio de la selva y el clima extremo le resultaron abrumadores. Sin embargo, con el paso de los años, encontró en la naturaleza el «primer santuario» de Dios. «El porteño tiene una fe intelectual, pero aquí encontré una fe de entrega total. He visto a madres perder hijos y encontrar paz en manos de Dios; eso no se ve en las grandes ciudades. Yo aprendí a creer como se cree aquí, con el corazón», expresó conmovido. Esta conexión profunda lo llevó a liderar la construcción del actual templo, una obra arquitectónica única diseñada para integrarse con el paisaje, eliminando las barreras visuales entre el altar y el monte, permitiendo que la creación «participe de la misa».
Un legado que trasciende fronteras
Bajo la guía de Sica, el Santuario Virgen de la Peña dejó de ser un paraje local para insertarse en el mapa del Vaticano. Entre sus logros más destacados se encuentran:
- Reconocimiento Internacional: La filiación del santuario a la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, otorgándole la categoría de lugar de indulgencia permanente.
- Identidad Cultural: La creación del festival «Tartagal Canta a la Vida», un espacio donde la cultura chaqueña y la religiosidad se unieron para mostrar «lo lindo de Tartagal» ante el mundo.
- Turismo Religioso: El impulso de la imagen de la Virgen de la Peña como patrona del monte, logrando que fieles de Bolivia, Paraguay y Chile visiten la región de manera recurrente.
El «Duelo» de la partida y un último deseo
Sica no ocultó la nostalgia que le genera dejar la tierra donde descansan los restos de su padre, Antonio, quien también fue parte activa de la vida comunitaria del santuario. «Estoy elaborando el duelo. No es que me saquen, es un traslado necesario para que surjan cosas nuevas, pero me voy siendo tartagalense», afirmó ante las cámaras de TartagalPlay.
Su próximo destino será un convento histórico en Jujuy, donde planea desarrollar un eremitorio, un espacio de retiro dedicado a la oración y al arte, su otra gran pasión heredada. Antes de partir, dejó un anhelo para su sucesor, el Padre Walter, y para todo el pueblo: que el Santuario se convierta en una «bomba de fe», un centro de espiritualidad que irradie energía y paz hacia un mundo convulsionado.
La comunidad de Tartagal prepara diversas muestras de afecto para las semanas restantes de enero, mes en el que se concretará su mudanza, dejando un vacío institucional difícil de llenar, pero un legado espiritual que ya es parte de la historia grande del norte argentino.